Si creciste en los 90, hay un eco generacional que aún resuena con la fuerza de un triple imposible: «¡Tres puntos, colega!». Daba igual si lo gritabas encestando una bola de papel o lanzando un calcetín a la cesta de la ropa sucia; esa frase era uno de los mejores mantras de la época para sentirte invencible. Bien, pues el culpable no fue una estrella de la NBA… fue Chicho Terremoto. Una fuerza de la naturaleza de apenas un metro que demostró que el baloncesto y el humor disparatado podían convivir en la misma cancha.
A diferencia de los héroes atléticos y solemnes, Chicho era un antihéroe de bolsillo con una fijación casi mística por ciertas prendas de vestir íntimas (blancas… por supuesto). Digamos que su brújula moral hoy pasaría por un filtro de revisión, pero ante el tópico de ‘hoy no dejarían poner esto en la tele’, la realidad es algo más sutil. El revisionismo no censura lo que ya venía censurado de origen; simplemente lo desplaza de la hora del bocata de nocilla al catálogo de streaming. Si bien es cierto que la nostalgia prefiere mantener los cortes que conocimos, dejándonos las versiones íntegras como un extra multimedia.
Al final, Chicho no inspiraba disciplina, sino la lógica del disparate: muelles imaginarios y puntos milagrosos tras estamparse contra el tablero. Verlo enfrentarse a gigantes era el triunfo de la picaresca sobre el físico. No te enseñaba a ser un atleta; te enseñaba que la pura diversión es la táctica más poderosa de todas.
Y tú, ¿qué locura ‘estilo Chicho’ intentaste en tu infancia? ¿Cuál era tu triple imposible favorito?
